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sábado, 12 de marzo de 2011

Region Caribe

La región caribe se encuentra ubicada al norte de Colombia y delimitada por el mar Caribe u océano Atlantico, dominada por el río Magdalena, es la región mas amplia desde el golfo de Urabá hasta la península de la Guajira. A pesar de estar dimensionado en un lugar totalmente llano, cuenta con una diversidad ecológica y de ecosistemas, y además de tener los picos mal altos en la Sierra nevada de Santa marta. Se encuentra conformada por ocho departamentos, que son: Atlantico, Cesar, Bolívar, Magdalena, Córdoba, San Andrés y Providencia, Sucre y La Guajira.

Existe asi, una diversidad en las razas sobre toda la región, esta proveniente de la mezcla entre españoles y grupos indígenas, como los Wayúu, y la población afrodescendiente; pero realmente el calor y la alegria de la comunidad Barranquillera hace que estas diferencias sean opacadas y se vuelquen en expresiones artísticas tales como la música y el folclor.

De estas expresiones sobresales danzas y ritmos, entre ellos la Cumbia, que conjuga melodías indígenas y movimientos africanos; entre sus exponentes más conocidos encontramos a José Barros, Pacho Galán, Toto la Momposina, Lucho Bermúdez, Joe Arrollo y Petrona Martínez.
Toto la Momposina






Petrona Martínez







Este baile tiene sus trajes tipicos, el de la mujer se compone de una falda roja o una pollera, un pañuelo rojo en la cabeza, usando los pies descalsos y unas velas en las manos para espantar al hombre en su cortejo; en el hombre se usa un traje blanco remangado en brazos y piernas, su pañoleta roja al cuello, su sombrero vueltiao, su machete, una mochila de colores y tambien usan sus pies de descalsos.







Entre otros ritmos característicos de la región se encuentran el porro, la puya, el mapalé, la champeta, el vallenato, el  chandé y el merecumbé, entre otros. De estas vivencias musicales y artísticas nacen demostraciones como el Carnaval de Barranquilla, que tiene su origen remoto en europa, y traido hasta nuestra cultura por españoles y portugueses, pero eso si con toda la alegría, entuciasmo, ingenuidad y gracia de el pueblo Barranquillero. Los curramberos acostubraron desde tiempos antiguos a salir con los instrumentos típicos y atuendos especiales, cantando y danzando, hasta el dia de hoy en que se han creado diferente eventos como: la Lectura del Bando, celebrado por la Reyna y su Rey Momo con multitudes provenientes de diferentes partes del país y del mundo; a este le sigue la noche de Guacherna, la Batalla de Flores, la Gran Parada, la Gran Parada de Fantasía y la Muerte de Joselito. En el año de 2002 el Carnaval de Barranquilla fué nombrado Patrimonio Cultural Nacional. Un año despues, Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad por la UNESCO.
De allí que el Carnaval se encuentra entre lo mas representativo de la región Caribe, junto con el sombrero Vueltiao y la amaca, y una de las canciones mas populares es La Pollera Colorá.




Archivo:Sombrero vueltiao.jpg


Letra de la canción La Pollera Colorá
Ay, al sonar los tambores
esta negra se amaña
al sonar de la caña
van brindando sus amores.

Es la negra Soledad
la que goza mi cumbia
esa negra salamuña que caramba
con su pollera colorá.

Y por eso le digo
mi negrita goza bien caramba
con su pollera colorá
hay como sandunguea esa negrita Soledad
con su pollera colorá
Yeyee pallá y pacá, mira que goza Soledad
con su pollera colorá

Ay cuando la canta Soledad
es que estoy yo contento
porque con su movimiento
admiración ella me da.

Tiene color de canela
con ritmo sabor a pimienta,
como está de contenta que caramba
con su pollera colorá.

Por eso le digo mi negrita gozar, caramba
con su pollera colorá.

Vente pacá, contigo yo quiero gozar
con tu pollera colorá.

Oieee esa negrita que se venga pa gozar
con su pollera colora.

Hay como me gusta esa negrita Soledad
con su pollera colora.


Por otra parte este lugar del país se reconoce por sus mitos y leyendas, creencias que reinan desde la antiguedad de nuestros antepasados. Aqui algunas de las más renombradas:

La Llorona

Quienes le han visto dicen que es una mujer revuelta y enlodada, ojos rojizos, vestidos sucios y deshilachados. Lleva entre sus brazos un bultico como de niño recién nacido. No hace mal a la gente, pero causan terror sus quejas y alaridos gritando a su hijo.

Las apariciones se verifican en lugares solitarios, desde las ocho de la noche, hasta las cinco de la mañana. Sus sitios preferidos son las quebradas, lagunas y charcos profundos, donde se oye el chapaleo y los ayes lastimeros. Se les aparece a los hombres infieles, a los perversos, a los borrachos, a los jugadores y en fin, a todo ser que ande urdiendo maldades.

Dice la tradición que la llorona reclama de las personas ayuda para cargar al niño; al recibirlo se libra del castigo convirtiéndose en la llorona la persona que lo ha recibido. Otras eversiones dicen que es el espíritu de una mujer que mató por celos a la mamá y prendió fuego a la casa con su progenitora dentro, recibiendo de ésta, en el momento de agonizar la maldición que la condenara: "Andarás sin Dios y sin santa María, persiguiendo a los hombres por los caminos del llano".

Durante la guerra civil, se estableció en la Villa de las Palmas o Purificación, un Comando General, donde concentraban gentes de distintas partes del país.

Uno de sus capitanes, de conducta poco recomendable y que encontraba en la guerra una aventura divertida para desahogar su pasado luctuoso de asalto y crimen, se instaló con su esposa en esta villa, que al poco tiempo abandonó para seguir en la lucha.

Su afligida y abandonada mujer se dedicó a la modistería para no morir de hambre mientras su marido volvía y terminaba la guerra.

Al correr del tiempo las gentes hicieron circular la noticia de la muerte del capitán y la pobre señora guardó luto riguroso hasta que se le presentó un soldado que formaba parte del batallón de reclutas que venían de la capital hacia el sur, pero que por circunstancias especiales, debía demorar en aquella localidad algunas semanas.

La viuda convencida de las aseveraciones sobre la muerte de su marido, creyó encontrar en aquel nuevo amor un lenitivo para su pena, aceptó al joven e intimó con él.

Los días de locura pasional pasaron veloces y nuevamente la costurera quedó saboreando el abandono, la soledad, la pobreza y sorbiéndose las lágrimas por la ausencia de su amado.

Aquella aventurera dejó huellas imborrables en la atribulada mujer, porque a los pocos días sintió palpitar en sus entrañas el fruto de su amor.

El tiempo transcurría sin tener noticias de su amado. La añoranza se tornaba tierna al comprobar que se cumplían las nueve lunas de su gestación.

Un batallón de combatientes regresaba del sur el mismo día que la costurera daba a luz un niño flacuchento y pálido. Aquel cartucho silencioso y pobre se alegró con el llanto del pequeñín.

Al atardecer de aquel mismo día, llegó corriendo a su casa una vecina amiga, a informarle que su esposo el capitán, no había muerto, porque sin temor a equivocarse, lo acababa de ver entre el cuerpo de tropa que arribaba al campamento.

En tan importuno momento, esa noticia era como para desfallecer, no por el caso que pocas horas antes había soportado, como por el agotamiento físico en que se encontraba. Miles de pensamientos fluían a su mente febril. Se levanto decidida de su cama. Se colocó un ropón deshilachado, sobre sus hombros, cogió al recién nacido, lo abrigó bien, le agarró fuertemente contra su pecho creyendo que se lo arrebatarían y sin cerrar la puerta abandonó la choza, corriendo con dificultad. Se encaminó por el sendero oscuro bordeado de arbusto y protegida por el manto negro de la noche.

Gruesas gotas de lluvia empezaron a caer, seguía corriendo, los nubarrones eran más densos, la tempestad se desato con más furia. La luz de los relámpagos le iluminaba el camino. La naturaleza sacudía con estertores de muerte. La demente lloraba. Los arroyos crecieron, se desbordaron. Al terminar la vereda encontró el primer riachuelo, pero ya la mujer no veía. Penetró a la corriente impetuosa que la arrolló rápidamente. Las aguas bramaron. En sus estrepitosos rugidos parecía percibirse el lamento de una mujer.

El Hombre Caimán

Un hombre, alegre y despreocupado, viajaba continuamente de Pinillos a Magangué vendiendo toda suerte de alimentos y frutas hermosas. A grandes voces y en medio del jugueteo entre él y las gentes de por aquí, el hombre divertía a todos con sus historias absurdas de cómo adquiría los productos, hasta el punto de convencer a los compradores de que lo que se llevaban eran objetos maravillosos.

Una tarde, mientras anunciaba a gritos la venta de unas naranjas que, según él, poseían las esencias del amor eterno, descubrió para su fortuna la presencia de una bella mulata con el pelo recién enjuagado que caminaba despreocupada. El hombre entabló conversación con la muchacha y rápidamente, ambos se vieron profundamente atraídos.

Ella se llamaba Roque Lina y era la hija de un severo e inabordable comerciante de arroz. Sus hermanos, que jugaban el secreto papel de vigilantes de los pasos de la muchacha, al darse cuenta de que Roque Lina era atraída cada vez más por las frases pomposas del hombre, dieron la voz de alarma a su padre.

Así pues, cuando el hombre apareció como de costumbre con sus alaridos y sus productos de otro mundo y se precipitó feliz a saludar con canciones a su querida Roque Lina, se encontró frente a la presencia poco amable de su imposible suegro. “Aquí el que vende soy yo”, le dijo tajantemente el padre. “Y mi hija no es arroz. Así que puede irse con su música a otra parte, antes de que tengamos problemas. ¡O yo no sé!”. Y sin agregar una palabra más, tomó a Roque Lina del brazo y la arrastró con él.

Fue desde ese momento cuando el hombre empezó a venir todos los días a esta tienda, a pedir el mismo ron, el mismo queso y el mismo arroz con coco y a mirar hacia el río. ¿Por qué? Rápidamente lo fui entendiendo: aquí los hombres se bañan en esta orilla. Hacia la mitad de la corriente hay un remolino y al otro lado se bañan las mujeres. Asimismo, aquí la gente va a la necesidad en el agua y se cobra un centavo por todo. ¿Qué pasaba? Pues nada más que el hombre se había puesto de acuerdo con Roque Lina para que cuando ella fuera a bañarse, él atravesara el río a nado y fuera a visitarla.

Usted estará preguntando cómo haría el hombre para atravesar aquel remolino, que a primera vista se adivina no apto para seres humanos. Pues aquí es donde reside el secreto de la historia. El hombre terminaba de comerse el arroz, se metía al agua y poco a poco, su cuerpo se iba corrugando, sus brazos se encogían en pequeñas patitas, sus piernas se unían en una agitada cola y cada uno de los granitos de arroz que se había comido se iban transformando en una hilera de dientes filudísimos, hasta quedar convertido en un expertísimo caimán nadador.

Así el hombre caimán atravesaba ágilmente el remolino y luego de violentos chapoteos, lograba llegar hasta donde Roque Lina, quien ansiosa lo esperaba para ir a descubrir con él las profundidades secretas del río. El hombre venía aquí a diario, bebía y comía su eterna ración y se lanzaba en su viaje reptil donde su amada Roque Lina. Esta visita permanente fue poniendo alerta a todos los pescadores de la zona.

Una mañana, uno de los hermanos de Roque Lina alcanzó a percibir la cola desenfrenada del hombre caimán rompiendo el remolino y de inmediato dio la voz de alarma. Todos los pescadores de Magangué se dieron a la caza del caimán. Pero cualquier esfuerzo era inútil. Mientras más obstinados eran los hombres tratando de aniquilar al animal, más ágil se volvía el hombre para llegar hasta la orilla de Roque Lina.

El papá de Roque Lina, hombre ostentoso y sediento de fabricarse su propio orgullo, ubicó con exactitud el sitio por donde el caimán solía nadar y organizó un cerco para atraparlo.

Una mañana, un buen número de pescadores navegaron afanosamente por estos parajes, buscando sin descanso al caimán, comandados por el padre de Roque Lina. Mientras esto sucedía, el hombre de nuestra historia terminó su ron, su queso y su arroz y se fue de aquí. ¿Hacia dónde iba si todos lo buscaban? Luego lo supe: el muy vivo se echó al agua mientras todos estaban en su búsqueda, nadó agitadamente hasta el barco del papá de Roque Lina y de una, se devoró todo el arroz que encontró. Acto seguido, buscó a su amada que dormitaba en el muelle. Suavemente la acomodó sobre su espalda y sin despertarla, se alejó con Roque Lina en silencio.

Nunca volvió a saberse de ellos. Pero, desde ese día, todos los hombres de por aquí esconden temprano a sus mujeres y se apuran a comerse todo el arroz que tengan en la olla, antes de que el hombre caimán venga y haga desaparecer mujer y granos.

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